Hipercolesterolemia y alimentación



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Si el desarrollo de la enfermedad parece estar condicionado por una serie de factores que no pueden modificarse (la herencia, la edad, ser hombre...), hay otra serie en los que sí se puede influir de manera preventiva.

Tabaco: No hay duda de la rápida reducción de los riesgos cardiovasculares cuando se abandona este hábito.

Colesterol: Es importante tener una dieta rica en alimentos que contengan vitaminas antioxidantes, tener un peso dentro de lo saludable y evitar las grasas saturadas.

Alcohol: en este caso está probado que el consumo de alcohol incrementa los triglicéridos sanguíneos, aumentando los riesgos de enfermedad cardiovascular.

El tratamiento de la enfermedad cardiovascular en el caso de hipercolesterolemia, debe basarse en una terapia farmacológica siempre acompañada de la alimentación adecuada.

La dieta recomendada debe permitir mantener o conseguir un adecuado peso corporal, satisfacer el aporte necesario de nutrientes, seguir los objetivos nutricionales generales y preservar los hábitos alimentarios en el mayor grado posible.

La dieta de prevención cardiovascular es igual a la dieta de tratamiento en cuanto no existe un elevado grado de severidad en el cuadro clínico. Estas son las pautas a seguir para protegerse de una enfermedad cardiovascular:

-Grupo de lácteos y derivados: tanto la leche como el yogur pueden estar presentes en la dieta, aunque se recomiendan los desnatados. Se debe limitar el consumo de quesos con gran contenido graso y consumir los frescos, pero siempre en cantidades moderadas.

-Carnes: se tiene que limitar su consumo a 3 raciones a la semana y de piezas magras. Es recomendable el pollo eliminando la piel y las piezas magras del cerdo (jamón, lomo).

Pescados: estos hay que consumirlos con mayor frecuencia que las carnes, las especies "blancas", las "azules" y los mariscos con la misma frecuencia. Hay que evitar sólo los salazones.

-Huevos: el consumo de huevos no debe superar los 2-3 por semana. El consumo de mayonesa se debe limitar y elegir productos sustitutivos no grasos.

-Legumbres: no existe limitación para los consumos de éstas y, por extensión, se puede decir lo mismo de los frutos secos, siempre que no se supera las recomendaciones cuanto al número de calorías a ingerir al día.

-Grupo de aceites y grasas: consumir preferentemente aceite de oliva frente a cualquier otro tipo de aceite. Hay que evitar el consumo de nata y crema, así como la manteca, sebo y mantequilla. Elegir un tipo de margarina vegetal "light".

Grupo del pan y cereales: no existe limitación en cuanto a su consumo, pero mejor dar preferencia a las variedades integrales por el contenido en fibra.

-Pastelería y bollería: debe limitarse mucho el consumo de los productos incluidos en este grupo y en especial aquellos que contienen determinada grasa vegetal como son los aceites de coco y palma, así como grasa animal como sebo, manteca, tocino, mantequilla, nata y chocolate. Estas limitaciones se deben, además del tipo de grasa, al alto contenido en azúcar. En todo caso, se tendrá que elegir productos que en su elaboración intervengan aceites vegetales, fibra alimentaria e incluso edulcorantes artificiales.

-Grupo de frutas, verduras y hortalizas: no existe ninguna limitación a su consumo.

En situación severa de la enfermedad cardiovascular en un número variable de ocasiones, la dieta indicada o dieta de prevención cardiovascular no es suficiente para alcanzar los niveles deseados de colesterol y mejorar asimismo la situación clínica del paciente. En estos casos independientemente de la aplicación de fármacos, la dieta debe ser más restrictiva, con una disminución más fuerte de los alimentos ricos en grasa. Paralelamente, deben aumentarse aquellos alimentos con mayor contenido en hidratos de carbono.

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