La actividad física en la tercera edad
Mantener un cierto grado de actividad física es importante en cualquier edad o situación fisiológica: no lo es menos en la vejez. Mantener una actividad física en esta etapa de la vida tiene numerosas e importantes ventajas para garantizar una salud óptima.
Con la actividad física, se mantiene la composición corporal o al mínimo no cambia tanto, lo que repercute en el estado general de salud y mejora las características fisiológicas asociadas con la salud. Del mismo modo se mejora la capacidad anabólica y las capacidades funcionales circulatorias y respiratorias. Incluso notamos la mejoría de la función ósea-muscular.
Estar activo da hambre, por eso que teniendo una actividad se disminuye la probabilidad de deficiencias vitamínicas y minerales al aumentar la ingesta energética y como consecuencia la de alimentos, lo que conlleva a una mayor diversidad dietética y consiguientemente un menor peligro de deficiencia nutricional.
Finalmente, contribuye a la distracción y ocupación del tiempo libre que suele ser muy grande en la vejez.

